HACIA UNA NUEVA ESCUELA

Claudio di Girolamo

Charla Arte + Educación

El arte es un diálogo. El arte sin el otro no existe, lo necesitas para crear arte: si giras un cuadro contra una pared, deja de existir. Recuerdo cuando en el Museo Interactivo Mirador, MIM, hicimos una reunión entre artistas y científicos, donde el primer expositor fue nuestro gran músico Alejandro Guarello y nos noqueó inmediatamente con la frase “la música no existe”. Luego explicó que, en la música, una vez que llega la segunda nota, la primera ya desapareció. La música solo existe si uno le da continuación. Podemos escribirla, pero sería un montón de rayas si no es escuchada por alguien. El arte nace en el diálogo y en la comunicación.


En la dictadura chilena, uno podía hacer arte en su casa, televisión, por ejemplo, pero cuando se trataba de difundirla o distribuirla, era diferente: a nosotros nos permitieron hacer el teatro Ictus, porque era poquísima gente la que asistía y el teatro era pequeño. Pero no supieron que cumplía una función como televisión popular, la que llamamos “Difusión alternativa de televisión”.


La comunicación es inherente al arte, van juntas. El arte es luz, ilumina. Respecto a qué significa la lucha para que el arte sea realmente tomado en cuenta en cualquier sistema político que exista, creo que se relaciona con pelear por más horas en el currículum. Tenemos que deshacer y hacer de nuevo, renovar.


Creo que en lugar de enseñar arte, hay que enseñar por el arte. Que éste sea el vehículo por el cual llevamos todas las cosas. Como decía el dramaturgo Jorge Diaz, el arte es el mejor vehículo para meter el virus, porque deja a la gente indefensa. ¿Quién estaría contra el arte? Nadie. Podrían incluso tratar de apropiarse de él, como hizo el arte socialista, que intentó decir qué era arte y qué no, pero el arte no es estado, es liberación y la verdadera libertad.


A pesar de todo, aún hablamos del recurso humano, o del capital humano, en lugar de hablar de los trabajadores como patrimonio humano. Los pueblos hacen las naciones, no es el intelecto o algo que se construye de afuera, son las personas que lo hacen posible, individuos que han encontrado con quién dialogar. Somos quienes somos por los otros, o no seríamos. El arte es cuestión de vida, y un artista no puede vivir sin los otros y las otras sensibilidades. Necesitamos de otros ojos y otras almas, porque el arte siempre existe con otros.


Hay una serie de cosas que están saliendo a flote últimamente, que nos dicen que el arte es un vehículo de enseñanza increíble. Educar viene del latin educere, “sacar de un lado para llevar a otro”. Entonces, quisiera saber de dónde se saca y a dónde quieren llevarlo. La educación no está en crisis, está en crisis la escuela y cómo nosotros hemos escolarizado la educación, la transformamos en algo superficial, por encima. Esto fue a través de la Revolución Industrial y fue inventada en el siglo XVIII por el Reino Unido, que necesitaba mantener su imperio.

Entonces, como dijo el gran educador hindú Sugata Mitra, ellos inventaron las computadoras y necesitaban gente que supiera escribir para enviar un mensaje que podía tardar meses para llegar de la India a Inglaterra, y necesitaban gente que supiera leer para que el mensaje tuviera sentido. Necesitaban gente que supiera sumar y restar para llevar las cuentas del dinero del imperio y no se dieron cuenta que el imperio se acabó.


Yo no estoy de acuerdo con lo último, que el imperio se haya acabado. El imperio cambió de nombre: ahora es la sociedad de mercado. Eso significa que estamos creando gente para la sociedad de mercado, por eso hablamos de recursos y capital humano, todo con un lenguaje que los artistas no le podemos pedir prestado a los economistas, pues ellos están bien en su sector, pero no es el sector del arte.


No creo que tengamos que hablar de buscar “nuevas sensibilidades” para los niños. Ellos están llenos de sensibilidades, y la escuela se las está matando. Favorece los valores de la competitividad y el éxito. Mientras que la soledad, y el fracaso no se toleran. Pero resulta que la competitividad no es un valor, es un resultado. Si yo soy bueno en algo, seré competitivo y listo.


Pero aquí hay un armazón social que, al poner como meta el conseguir el éxito, está destruyendo la comunidad, dividiendo la sociedad en ganadores y perdedores. La competitividad puede formar campeones de fútbol, pero no personas que quieran ser más o mejores.


Pero estos pensamientos no pueden terminar aquí, deben ser enriquecidos por los demás, tenemos que hablarlo entre todos. Cuando pienso en una nueva escuela, una escuela de enseñanza comunitaria a través del arte, creo que debemos empezar por los niños, que elijan qué quieren estudiar, a qué ritmo, confiando en que todos nacemos exploradores. El ser humano es explorador por naturaleza, al niño debemos invitarlo a explorar hasta descubrir el misterio. A mis 91 años, tengo las uñas gastadas solo por tratar de arañar el misterio, a sabiendas que nunca podré develarlo. Pero algo en nuestro interior dice que continuemos intentando. El misterio está en nosotros, nuestra propia existencia es un misterio, tenemos que averiguar qué hacer y cómo hacerlo, cómo convivir entre nosotros.

Creo que la escuela comunitaria es un mentís a todo esta creencia. Debemos decirle a los niños que trabajen juntos, que no trabajen solos. Las diferencias, tan necesarias para el ser humano, nos ayudan a ser más. Algo que he desterrado definitivamente de mi vocabulario es que debemos respetar las diferencias. No debemos respetarlas, debemos amarlas. Nos hacen distintos entre nosotros, nos hacen irrepetibles. Hay toda una serie de cosas que no hemos comprendido, y nos damos vueltas en eso, pensando que regresamos al mismo punto. Pero esto no es un círculo, es una espiral, no estamos regresando. El ascenso humano es un espiral, tal como el ADN, y todos podemos avanzar en él.


No tratemos de remozar, inventemos caminos y con eso las sensibilidades que ya existen en los niños se podrán expresar. Eso de la uniformidad, incluso el que tengan que vestirse uniformados, está bien para los ejércitos, pero no para los niños. La vida no es una pelea entre distintos, es un abrazo entre distintos. La comunidad se forma en la medida que nos conozcamos, pues no podemos amar lo que no conocemos. Una gran amiga mía, ya fallecida, tuvo en su familia cuatro desaparecidos en el tiempo de la dictadura, decía que ya estaba cansada de llorar al aire, necesitaba saber dónde estaban, tener ese contacto.


Por suerte, este trancazo que nos trajo el virus, nos obliga a estar cada uno por su lado. ¿Y por qué nos quejamos tanto? ¿Es por qué no nos podemos mover?, o será que es porque no podemos abrazarnos y entregarnos cariño cara a cara, sentir nuestros cuerpos. Siento que, aunque sea extraño decirlo, estamos en un momento de gracia, para repensarnos como seres humanos. Tenemos que pasar de tener a ser, y somos con los otros. Estamos hechos para estar con otras personas. Siento que la nueva escuela, solita va a crear las nuevas sensibilidades, pues aquí no se trata de parchar o inventar caminos, no es el desvío de una línea de tren, es un cambio de rieles a entender que la comunidad es la única cosa que nos hace humanos. Tenemos que entender como sociedad que somos personas mientras tengamos un “tú” con quién dialogar. Me parece que eso es la nueva educación.


Hablamos de educar, pero sin preguntarnos desde dónde llevamos a quién educamos y hacia dónde. Hablamos de enseñar, pero los signos que usamos son los del egoísmo y la falta de ética. Creemos que llevamos el conocimiento.


Yo le digo a los profesores que no tengan miedo de todo lo que está pasando, porque nunca la tecnología les va a quitar la posibilidad de enseñar y educar, siempre que se entienda que el conocimiento es un medio para llegar a un fin, que es el saber y los valores que conforman el hacer. Todos los líos de corrupción que existen en Chile y el mundo son a causa de personas que tienen mucho conocimiento, pero no tienen ética ni valores para usar los conocimientos. Es por eso que las escuelas y los profesores deben mostrar valores, hacer que los niños se enamoren del valor de la solidaridad, la comunidad y la fraternidad. La Revolución Francesa lo dijo en tres palabras: Libertad, igualdad y fraternidad. ¿Y dónde pusimos estas cosas? La igualdad no es para obligar a ser iguales, sino entregar las mismas oportunidades de ser.


La escuela tiene que alejarse de esa cosa tecnicista. Estamos muy ufanos de la tecnología, porque somos muy modernos, y la utilizamos, pero no sabemos cómo funciona. Lo importante son las personas que las crearon, investigaron y las desarrollaron. La tecnología sigue siendo un medio, pero no es un fin. Está bien usarla para llegar a Marte, pero no podemos usarla para instruirnos. Creo que la educación va a recuperar el valor que debe tener, siempre y cuando salgamos de la escuela tal cual la tenemos hoy, y tengamos otra forma y otro sentido de enseñar, no para tener huestes para una cosa u otra, sino para unirnos cada vez más en la humanidad que todos somos.


Claudio di Girolamo, Italia: Arquitecto de la Academia di Belle Arti de la Universidad de Roma. Desarrolla una prolífica labor pictórica, trabajando en diversos proyectos de pinturas religiosas y murales. Ha combinado sus conocimientos plásticos con el área de las artes dramáticas. Fundador del Teatro ICTUS.

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