LAS ARTES EN LA CONSTRUCCIÓN DE NUEVAS SENSIBILIDADES

Marcela Latorre

CHARLA ARTE + EDUCACIÓN

Lo primero que es importante comentar es que estamos en un momento de fracaso. Este fracaso se siente en el cuerpo. No es intelectual, nosotros sentimos emotivamente lo que está pasando. Quienes trabajamos en artes sentimos que estamos abandonados, sentimos que hay una crisis y estamos en un momento de fracaso. Pero el fracaso es fabuloso. Es un momento que nos deja ver los ensueños, empezamos a ver nuestras creencias, a ver desde dónde veníamos y a cuestionarnos. Entonces, se produce un momento de libertad, desde donde surge lo nuevo. Cuando está todo estable, uno no se cuestiona nada.


Pero al momento de fracasar, tenemos que despertarnos de alguna manera. Y es eso lo que permite la transformación. Se ha escuchado bastante desde distintos teóricos, desde los pueblos originarios y de distintas cosmovisiones, que estamos en el fin de una era. Se cae la era patriarcal, algo que se ha hablado bastante. Hace siglos están surgiendo los movimientos feministas y están buscando una nueva forma de mirar, porque se están cayendo las creencias que operaban. Caen las instituciones, las que antes establecían todo y hoy no tienen la confianza de nadie. Caen las verdades absolutas y todas las concepciones. Eso deja que se manifieste una sensibilidad.

El punto es que, en el momento de crisis, se ve que se está cayendo todo, pero todavía se cree que sigue lo mismo y no se ve lo que surge. Pero en los diferentes pueblos, barrios y comunidades se está retomando una esencia. Cuando comenzó la pandemia, los vecinos volvieron a comprarle a los vecinos, a pedir los servicios que ofrecían. Nos empezamos a conocer, a apoyar a las personas de tercera edad, si por ejemplo, necesitaban ir a comprar algo… Empieza a surgir una sensación de lo comunitario. Por necesidad comienza a surgir el tema de lo colaborativo y todo eso nos hace ir volviendo a una esencia. Es algo que ya existía, no es nuevo en el ser humano. Lo que ocurre es que estamos viviendo un momento que tiene que ver con un modo de plantearse.


A modo de anécdota, escuché a una querida amiga, Pía Figueroa, directora de una agencia de noticias decir en una entrevista que, si tuviera una enfermedad, y llegase un doctor y dijera que la va a atender con la medicina del siglo pasado, ella no se atendería. Entonces recordé que nosotros estamos viviendo una educación que no ha cambiado desde la Revolución Industrial. ¿Y cuál era el objetivo de esta educación? Pues generar seres productivos. Y yo me pregunto, ¿si no me atendería con un médico que sigue teniendo las mismas técnicas de un siglo que no es el nuestro, por qué a nuestros hijos los llevamos a estudiar en una educación que tiene que ver con otro momento histórico, otras necesidades, otra cosmovisión? Esta educación está relacionada con el modelo capitalista que impera en el mundo occidental y se relaciona con un enfoque, con una forma de ver el mundo y una cosmovisión.



El modelo capitalista se observa desde el enfoque positivista, donde todo se mide y se calcula, todo es objetivo y tiene que ser probado y eso es lo que está cayendo. Ese es el mundo que está en fracaso y ahora nos permite construir algo nuevo, como son las nuevas sensibilidades. Para construirlo, me basé en la pedagogía de la intencionalidad. Esta es una propuesta que hacen Mario Aguilar y Rebeca Bize, que toman del humanismo universalista, que hace aportes en diferentes áreas como la psicología y la pedagogía. Aguilar y Bize toman todos estos elementos y arman esta pedagogía, con la que llevo trabajando más de 20 años.


Nosotros, hasta ahora, vemos esta educación que viene de la época de la Revolución Industrial, donde se busca que niñas y niños sean seres productivos y se preparen para el mundo del trabajo. Pero la pedagogía de la intencionalidad propone que el sentido de la educación es otro. Ellos hablan de que el paisaje de formación, los primeros años que vivimos como seres humanos, todas las experiencias que tenemos, se graban en nuestra cabeza no como datos que van llenando nuestra memoria, sino que como experiencias y estas van generando nuestra sensibilidad.


Es decir que niñas y niños que viven en ambientes vulnerables, violentos, etcétera, tendrán esa sensibilidad y eso irán construyendo y es el ser humano que va a moverse como adulto en el mundo. Es diferente si esta niña o niño vive en un ambiente alegre, creativo y con afecto, pues será esa la sensibilidad que irá desarrollando. Así es que siempre digo a los educadores que todo lo que hacemos con las niñas y niños es fundamental, porque los niños, como decía Rudolf Steiner, aprenden por imitación.


Nosotros tenemos que ir dejando una huella que nos va a permitir una humanidad conectada con lo humano, con esa esencia que hoy se está viendo. La pedagogía de la intencionalidad dice que, en la niñez, deberíamos ayudar a que niñas y niños equilibren sus centros de respuesta. A grandes rasgos, podemos explicar los centros de respuesta diciendo que todo lo que entra a nuestra cabeza a través de los sentidos, a nuestro psiquismo, va a nuestra memoria, memoria manda la información a la conciencia, y conciencia genera una imagen que sale al mundo a través de un centro de respuesta. Estos centros pueden ser el vegetativo, motriz, emotivo o intelectual.


Nosotros, en educación, deberíamos abordar los diferentes centros de respuesta, para que las niñas y niños tengan en su adolescencia y en su juventud, el equipamiento necesario para dar adecuadas respuestas vegetativas (vinculadas a las necesidades básicas del cuerpo, como el ir al baño, comer o dormir), motrices (respuestas que tengan que ver con el movimiento), emotivas (respuestas de la aceptación o rechazo) e intelectuales (Respuestas que se elaboran, síntesis, comparaciones, contrastaciones, etc).


Lamentablemente, hoy la educación le da espacio solo a lo intelectual. Es lo que ocurre cuando nos piden memorizar y memorizar datos, como si nuestra cabeza estuviera vacía. Esto no es así. Tenemos un mundo interno maravilloso, los niños y las niñas vienen con habilidades, algo comprobado por las neurociencias.


Si nosotros generamos las condiciones adecuadas para un paisaje de formación con una sensibilidad humana, ayudamos a las niñas y a los niños a equilibrar sus centros de respuesta, en la adolescencia estos podrían conectar con su vocación. La propuesta de esta educación sería ayudar a las niñas y niños a conectar con su sentido de vida y con su propósito.


¿Cómo se vincula esto con las artes? Las artes, en el camino del aprendizaje, aportan en construir una nueva sensibilidad, porque se aprende pensando, sintiendo y haciendo. Se aprende por medio de experiencias, ya que no aprendemos solo con la cabeza, sino también con el cuerpo y con las emociones. Las artes son experiencias integrales.


Se habla de que las artes son para hacer educación artística, o desarrollar una disciplina artística, pero son tremendas herramientas, porque nos permiten hacer experiencias integrales, conectar con la inspiración, desarrollar el pensamiento divergente y la creatividad, permiten comunicar lo que viene del mundo interno, expresar, desarrollar la inteligencia emocional y por sobre todo, abarca los diferentes centros de respuesta: lo vegetativo, lo motriz, lo emotivo y lo intelectual. Permiten entonces que el aprendizaje sea con gusto. Para aprender necesitamos que haya atención, y para eso necesitamos interés y distensión, una atmósfera que las artes propician.


Las artes permiten la transformación de sí y de nuestro medio, impulsando el avance a esa nueva sensibilidad que ya está surgiendo para esa nueva era que pronto tocará nuestro cuerpo, llenándolo de energía, que pronto tocará nuestro corazón con un nuevo afecto y nuestro intelecto con un impulso gigante por aprender sin límites, conectando con nuestra esencia, que tiene relación con amar la realidad que construimos.


El amar la realidad que construimos lo tomo de Silo, pensador latinoamericano que desarrolló muchas cosas, entre ellas el humanismo universalista. Si no amamos la realidad que construimos, ¿cómo vamos a ir construyendo estas nuevas sensibilidades que tanto necesitamos como especie? Esa es la invitación que hago, pues creo que es algo que necesitamos muy urgente: Conectar con esa esencia, conectar con el corazón y conectar con el corazón de los otros y las otras.


Marcela Latorre, Chile: Magíster en educación, actriz, pedagoga teatral, periodista, escritora y narradora oral. Especialista en artes, juego y educación. Se dedica hace 19 años al trabajo con infantes y hace 5 años a la docencia universitaria en carreras de pedagogía, desarrollando las artes y el juego en espacios educativos y culturales.

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