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Apostar por la colaboración, cuando el mundo invita al individualismo

por Ricardo Rodríguez, director de Arica Barroca



Un festival es una excusa para generar encuentros que en otros contextos serían imposibles.

Los festivales presenciales parecen ser, a ojos contemporáneos, una forma de relación en crisis. En un momento histórico en que el consumo de actividades culturales se transforma constantemente y las industrias creativas avanzan en su variable digital, es común acceder a eventos realizados a través de plataformas en línea, mientras en la presencialidad se comienza a dudar de la necesidad de contar con artistas en vivo. Dispositivos que acercan el arte a las personas, al tiempo que las alejan entre ellas como consumidoras de una experiencia colectiva, tal vez uno de sus mayores valores.


Otra dimensión del arte es entregar sentido a algo que antes no lo tuvo, es decir, una pared deja de ser pared cuando una pintura la convierte en mural; así como un terreno en desuso se convierte en un punto de encuentro cuando aparece una escultura; y una piedra se vuelve leyenda cuando existe una historia que contar. El arte transforma a quien se enfrenta a la experiencia de contemplarlo y también a quien se arriesga a componerlo; pero, también transforma al lugar que lo contiene, como una calle se transforma en teatro cuando comienza una función. 


“No podemos hablar de seguridad si no hablamos de cultura”, señaló la ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Carolina Arredondo, destacando el aporte del sector creativo en la construcción de ciudades más seguras, pues son las acciones derivadas de la cultura las que generan instancias de encuentro y apropiación del espacio público.


El arte, sea cual sea su soporte, requiere de una dualidad básica para existir: alguien que crea y alguien que observa, siendo ambas perspectivas fundamentales para la construcción de la obra. Por tanto, existe una dimensión de lo creado que escapa de las intenciones de las y los artistas, una dimensión que le da profundidad y lo conecta con su observador, permitiendo a la obra revivir a partir de la experiencia de ser observada. La colaboración es por tanto otro de los aportes que el arte realiza a la sociedad.


Así como el arte enseña que hay infinitas formas de observar la vida, los festivales comprueban que aún es posible sostener otras formas de vinculación, instalando la colaboración como un eje principal. En los festivales, los cruces de intenciones y los espacios de colaboración se multiplican, transformándose en una excusa para generar encuentros que en otros contextos serían imposibles y, desde ahí, construir nuevos aprendizajes, nuevas narrativas. 


Y si un festival es una excusa para encontrarnos, en el caso de Arica Barroca, la excusa es para viajar a través del Arte Sur Andino y recorrer los tesoros del Paisaje Cultural de Arica y Parinacota.


"El arte es un diálogo. El arte sin el otro no existe, lo necesitas para crear arte. Si giras un cuadro contra una pared, deja de existir. Recuerdo cuando nuestro gran músico Alejandro Guarello nos noqueó con la frase “la música no existe”.


Luego explicó que, en la música, una vez que llega la segunda nota, la primera ya desapareció. La música sólo existe si uno le da continuación. Podemos escribirla, pero sería un montón de rayas si no es escuchada por alguien. El arte nace en el diálogo y en la comunicación".


Claudio Di Girolamo

Arica Barroca 2021

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